lunes, 14 de noviembre de 2016

Mafia III


El hype es algo que en algún momento es irracional y en la gran mayoría de ocasiones crea enfados y decepciones. Con el anuncio de Mafia III ha ocurrido exactamente eso, y es que después de un primer título bueno y un segundo digamos que aceptable, no logro comprender la autosugestión por una tercera parte.

Aunque digámoslo, el trailer en la Gamescom del año pasado nos hacía creer que estábamos ante un nuevo clásico moderno con esa música, el aspecto de la ciudad, los personajes... pero cuando se lanzan los títulos es cuando la crítica y el público decide.

Esta tercera entrega se ambienta en una Nueva Orleans (llamada en el juego New Bordeaux) de finales de los años 60, una ciudad marcada por el racismo desmesurado, los actos religiosos y el contrabando de drogas. Nuestro protagonista Lincoln Clay vuelve de Vietnam como veterano de guerra, al llegar de nuevo a su ciudad es arropado por los suyos y todo se presenta muy feliz. Pero la realidad es completamente distinta, ya que Sammy, la persona quien acogió desde pequeño a Lincoln está teniendo problemas económicos con ciertos mafiosos.


El juego está narrado de manera excepcional a modo de documental, en la que personajes involucrados en la historia cuentan lo ocurrido en el 68, lo cual da un realismo brutal, ya que los movimientos faciales y el guión están realizados de manera exquisita. Además hay muchas cinemáticas muy bien trabajadas, con planos en líneas generales muy bien escogidos.

Todo en el juego funciona perfectamente, el comienzo es simplemente genial y el subidón al empezarlo es cuanto menos magnífico, pero el problema comienza en cuanto nos sueltan a la calle en la misión principal con la conquista de territorios de distintas formas, que no dejan de ser un ve a este sitio, mata esos malos, y vuelve a por tu recompensa.

Las mecánicas, ya sean en sigilo o a la acción pura y dura, tanto cuerpo a cuerpo como con armas fielmente recreadas funcionan a la perfección, pero cualquier jugador sería capaz de cansarse de realizar las mismas tareas de distinta forma cuando esto mismo lo llevamos haciendo así desde principios de siglo en muchísimos juegos del mismo género. Más cuando, repito, es llegar a tal lugar, infiltrarte o acabar con todos hasta llegar al objetivo.

Imagina que estás montando en una montaña rusa y que comienzas desde la parte más alta y alucinas descendiendo desde el vagón y cuando llegas abajo pegas un frenazo y te dicen que tienes que subir la próxima cuesta a pie con un sofá de tres plazas a cuestas. Así es exactamente como me he sentido.



Siendo un juego tan trabajado a nivel argumental, musical y escenográfico que son más que suficientes motivos para nombrarlo como un nuevo clásico moderno al instante, se tira todo por la borda con un planteamiento jugable a lo largo de 30 horas completamente irrisorias y que entristecen el corazón después de disfrutar unas 2 primeras horas para dejarlas en el recuerdo. En fin, una auténtica pena.

Ivelias Zero

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